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AMISTAD DE OTOÑO

Tanto han crecido en el jardín los árboles,
que nos dan la medida del pasado.
De cómo, desde lejos no alcanzo a comprenderlo.
De cómo es tan hermoso que se pueda esperar
en la distancia a alguien que no ha de volver nunca.
El álamo más alto fue dejando caer
un túmulo de hojas hasta cubrir el césped.
Cada año, con paciencia, las hemos recogido.
Ahora, en silencio,
el sol pasa a través de las ramas desnudas
y entra hasta iluminar el suelo de la estancia.
El grosor de hojarasca
no lo remueve más que el viento
o alguna madrugada el jabalí.
Nadie recogerá las hojas este año.
Nos consuela el dorado reflejo de un desorden
que se adentra en la grave comprensión del invierno.

 

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