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Piedad

El tiempo entre dos trenes. Se ha acercado
buscando aquella guerra de la infancia.
Es trágico probar a conversar
a los cincuenta años con un padre de veinte.
Junto al viejo y fangoso río de la batalla,
el viento mueve hierbas delante de la losa.
Joven eternidad que aún transcurre
como el agua del Ebro, muy lejos del hogar.
La tarde va tornándose campana
con pájaros oscuros en los cañaverales.
Le dejó este pasado gris, pequeño,
cerrado por la bala de algún máuser.
De pronto se da cuenta
que ha empezado a llorar igual que un padre
de pie frente a la tumba de su hijo.

 

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