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Margarit, confidencias de mesa camilla

El poeta catalán se ha alzado con el premio Cervantes por una obra de «honda transcendencia y lúcido lenguaje», según el jurado

Se preguntaba Carles Riba, con algo de grandilocuencia, cuál es el lugar de la poesía en medio de los sistemas científicos, filosóficos y políticos de nuestro tiempo. Después de leer a Joan Margarit (Sanahuja, Lérida, 1938) uno diría que el lugar de la poesía es convertirse en esa casa de misericordia donde buscar refugio para nosotros y para nuestra vida. Donde buscar refugio para nuestros sentimientos, para nuestras fragilidades, para nuestras perplejidades.

Un poema, para Margarit, es el lugar donde aquello que somos encuentra comprensión, donde la realidad y todas sus dimensiones buscan la conversación de una mesa camilla y unas sábanas limpias para dormir. El poema como ese lugar que nos ofrece cuidado, nos auxilia, nos cobija en este continuo ir de paso por nuestros días, de contradicción en contradicción, de herida en herida, de vértigo en vértigo.

Todos los amores

En la casa de misericordia de la poesía de Margarit hay un hombre que todavía siente el frío de la postguerra civil, que cuida hora a hora de su hija antes de que muera, que conserva en la solapa de la chaqueta el perfume de todos los amores, que sabe que va envejeciendo porque tanto él como el espejo donde se mira se han llenado de arrugas y de otros. La voz de sus poemas siempre es una confidencia, pero sabe que las palabras, como el pelo de algunas mascotas, tiene su propia electricidad estática. Por eso él escribe potenciando la realidad, es decir, dignificándola a través de sus múltiples sentidos.

En un verso de Joan Margarit la realidad no desprecia la imaginación de la realidad. Está él siempre al completo, pero sumando personalidades, visiones, perspectivas. Está él no como algo fijo, ni como algo congelado en los preceptos de una estética. Realista, meditativo, civil, romántico, clásico, en un hombre tan apasionado por reflejar el mundo es prioritario que la multiplicidad de los adjetivos y los sustantivos no se quede fuera.

Trenes de la infancia

En libros como JoanaEstación de Francia o Cálculo de estructuras se persigue decir el misterio, la emoción, ese jugarse todo en el territorio de los sentimientos, en el territorio donde los sentimientos se vuelven un enigma, un secreto. Porque es consciente de que el misterio en poesía es una cuestión de saber colocar con justeza el sujeto, el verbo y los complementos. Y que ese misterio surge entonces y se convierte en una descarga, en una sorpresa, como ver, por ejemplo, que en el espejo de un café pasan los trenes de la infancia; que ante la pregunta de qué nos espera, responda: «Moscas»; que después de la lluvia pese tanto la pena como el fango de los zapatos.

Para él una biografía es la casa de misericordia de la sentimentalidad y de la emoción. Y cuando se retrata a sí mismo pone la prosopografía y la etopeya de un hombre normal y corriente en las normalidades de su tiempo. Su poesía es una galería de retratos a los que les ha dado el sol de las mañanas y las sombras de las noches y se han manchado del humo de los cigarrillos y de las ciudades, el humo de los amores y de las ideologías, por eso, en esos retratos se busca la complicidad, la claridad, las palabras intensas en las que cualquier hombre se siente reflejado, reflejado en las pérdidas, en una reconciliación imposible consigo mismo, en ese lugar peligroso que queda fuera de la autocompasión.

Siempre he sentido una enorme devoción por la poesía en catalán. Edité a Joan Vinyoli, a Miquel Àngel Riera, a Blai Bonet, entre muchos otros. Autores fascinantes, universos a los que nunca he podido renunciar.

Como tampoco se puede renunciar a alguien como Pere Gimferrer, al que le deben llegar igualmente los más altos reconocimientos. En las tardes de esta España del siglo XXI, tal vez tengamos que llamar a la casa de misericordia de la poesía para buscar un poco de calor, un momento de sosiego, el pañuelo con el que secar nuestras lágrimas. Frente al malestar de la política, el refugio en un puñado de palabras tal vez nos haga ser mejores.

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Fuente: https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-margarit-confidencias-mesa-camilla-201911280150_noticia.html

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